Twitter y política; de la transparencia a la credibilidad
Hace unas semanas Barack Obama anunció oficialmente la multigestión de su cuenta de Twitter @barackobama, en la cual a partir de ahora se compaginarán los tweets escritos por miembros de su gabinete con los escritos directamente por él y que serán identificados con las siglas BO. No se trata del primer responsable político o institucional que opta por esta fórmula compartida a la hora de gestionar su presencia en Social Media. De hecho, podríamos encontrar ejemplos mucho más cercanos en las últimas contiendas electorales. Pero el gesto de transparencia realizado por el que seguramente pueda ser considerado la persona más poderosas del mundo y que cuenta con la tercera cuenta en número absoluto de seguidores en Twitter, adopta una dimensión global y vuelve a abrir el debate sobre la gestión de la presencia en Redes Sociales de nuestros máximos dirigentes políticos e institucionales.Un debate que venía servido tras numerosos ejemplos de malas prácticas demostrados por candidatos, gabinetes de comunicación y agencias responsables, en las semanas previas y posteriores a las últimas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo. Entre otras acciones de dudosa eficacia, los seguidores en Twitter comprobaron atónitos cómo los principales candidatos a la alcaldía de Barcelona actualizaban sus cuentas mientras se encontraban debatiendo en directo en un plató de televisión. Dichas actualizaciones se realizaban desde cuentas pretendidamente personales y estaban redactadas intentando simular que se trataba del mismo candidato quién las había escrito. Seguramente, la adopción de alguna fórmula de multigestión pública de sus cuentas habría ayudado a los usuarios a comprender la naturaleza de dichas actualizaciones y, dicho sea de paso, habría hecho más eficaz el mensaje que pretendían transmitir.
En los últimos meses, contienda electoral de por medio, hemos vuelto a comprobar cómo un buen número de representantes se han lanzado a abrir cuentas y perfiles en diferentes plataformas de una manera apresurada y no planificada. Las pruebas demuestran que muchos de nuestros representantes no han entendido ni las características de esta nueva sociedad digital e hiperconectada, ni el alcance real de las dinámicas de comunicación Social Media. Así, empujados por urgencias de calendario y necesidades electorales, han abierto perfiles únicamente pensados para difundir unidireccionalmente sus mensajes y consignas. Y, en directa consecuencia, no escuchan, han obviado el diálogo con los usuarios, la aportación de valor según el canal e incluso, en muchos casos, realizando un uso exclusivamente oportunista y electoral que los ha llevado a abonar sus perfiles a los pocos días del fin de la campaña electoral.
Para muchos, no se trata de un error nuevo. Las Redes Sociales -y en especial Twitter- han supuesto en estas elecciones de 2011 lo que supusieron los blogs en las elecciones de 2007 para muchos políticos: un simple nuevo canal de difusión de programas, promesas y consignas. Sería injusto generalizar e ignorar el ejemplo de aquellos, pocos, quiénes sí han entendido la necesidad de escuchar, dialogar, participar con los usuarios en redes sociales. Pero todavía queda mucho camino por recorrer para una gran parte de nuestros representantes políticos e institucionales, y si quieren dotar de credibilidad a sus palabras y relatos, todavía deben aprender la lección de la transparencia y lanzarse a los nuevos ecosistemas digitales con el objetivo sincero de abrir nuevos espacios de relación directa, múltiple y bidereccional con la ciudadanía, y no meros canales de comunicación política y propaganda.